Prepararse para el parto.

Todas soñamos con un parto rápido y  fácil. Tendemos a querer controlar lo que ocurre en nuestras vidas y, por supuesto , ¡ no iba ser menos el día más importante de tu vida! Pero por muchas elucubraciones y listas que hagamos  será una sorpresa.  Yo me sentía como si fueran a hacerme un examen en cualquier momento.

El parto era algo a lo que temía y me he dado cuenta de que era por falta de información. Me pregunto por qué muchas mujeres no hablan de este tema. Creo que es una experiencia de la que estar muy orgullosa , yo, desde luego, lo estoy. Muchas mujeres estarían más tranquilas si no les viniera tan de nuevo todo este tema.  A medida que iba leyendo sobre ello  me surgían más dudas y mi ginecóloga  ( del seguro privado) no estaba dispuesta a alargar la consulta para explicármelas. Incluso se burlaba ante preguntas tan importantes como cuándo debíamos cortar el cordón umbilical o si podía intentar evitar una posible episiotomía. Debería haber cambiado de ginecólogo . El colmo fue cuando, a dos semanas de salir de cuentas, decidió hacerme un despegamiento de membranas sin avisarme, con las consecuentes contracciones dolorosas durante días y los nervios que acarrea pensar a cada rato que ahora sí te estás poniendo de parto ( por si no fuera suficiente el malestar de mis náuseas y el dolor espalda a esas alturas). A la semana siguiente, tras avisarla de que no quería que me repitiera dicha maniobra, me la repitió sin más. Lo único que provocó fue la pérdida de mi tapón mucoso, así que, nada de piscina en pleno julio .

En las clases preparto te preparan un poco físicamente y te asesoran sobre  algunos temas pero, a mi modo de ver, no es suficiente.  Menos mal de Internet …investigando un poco descubrí a Ina May Gaskin que, por cierto, acaba de estrenar  su película-documental. Su libro Nacimientos con recomendaciones desde su amplia experiencia e historias en primera persona de las madres  era justo lo que andaba buscando  para llegar al paritorio más relajada.

http://www.casadellibro.com/libro-nacimientos/9788415541462/2029688

A la hora de la verdad , cuando empecé con las contracciones, yo tenía muy claro que hasta que no fueran muy seguidas  o rompiera aguas quería quedarme en la intimidad de casa para estar más tranquila y que el proceso no se ralentizara, pero perdí un poco de líquido y, ante las dudas nos dirigimos al hospital rápidamente.  Estaba dilatada de 3cm. y ya me podían poner la epidural.  Decidí  posponerla ( o más bien, pude aguantar) hasta los 5cm. Tenía la falsa idea de que eso de la epidural era un pinchazo y nada más lejos de la realidad. Se trata de la inserción de anestesia a través de un catéter que se va introduciendo poco a poco a lo largo del espacio epidural. Hay personas a las que se les pone más fácilmente que a otras. Conmigo tardaron un buen rato pero cuando acabaron fue un alivio, incluso casi me quedé dormida en la cama.  Ojo, que  (tampoco me lo explicaron) el estar tumbado también ralentiza el trabajo de parto. Lo conveniente es estar de pie ( mejor caminando) o, si no te puedes mover por la epidural , que te sienten para favorecer que el bebé vaya bajando por la propia fuerza de la gravedad. Por supuesto, mi hijo, que era grande, no me lo puso tan fácil. Pasaron unas horas ( yo seguía tumbada) y decidieron llevarme al paritorio y hacerme empujar  para ver si había algún cambio. Al final tuvieron que ayudarme aplicando la maniobra Kristeller y, tras 9 horas de parto a desde mi primera contracción, David nació.  Al ponérmelo encima me sentí extrañísima y  la vez muy satisfecha. Lo primero que hizo él fue mearse encima del comadrón.